Monte Beriáin

Monte Beriáin
Monte Beriáin (San Donato). Foto cedida por Víctor Abendaño
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lunes, 5 de diciembre de 2011

El telescopio espacial Kepler encuentra un planeta que podría tener agua líquida de "20 minutos"


Planeta Kepler-22b
Una recreación artística del planeta Kepler-22b. (NASA)
  • Se trata de un planeta en la "zona habitable", llamado Kepler-22b.
  • Se han localizado además diez planetas con un tamaño similar a la Tierra y que por su distancia a una estrella tienen una temperatura que permitiría la vida
El planeta, Kepler-22b, es el más pequeño hallado por la sonda espacial orbitando en la "zona habitable", aquella donde las temperaturas permiten la vida- de una estrella similar a la de la Tierra.

Es más grande que la Tierra y todavía no se ha determinado si es rocoso, gaseoso o líquido, pero, según dijo la subdirectora del equipo científico del Centro Ames, Natalie Batalha, "estamos cada vez más cerca de encontrar un planeta parecido a la Tierra". El Kepler ya había dado pistas anteriormente de la existencia de planetas de un tamaño parecido al del nuestro orbitando en "zonas habitables" pero ésta es la primera que vez que se constata.
Asimismo, los científicos actualizaron la cifra de los candidatos a planetas, que desde que se comenzó a elaborar la lista en 2009 ha aumentado hasta 2.326. De ellos, 207 tienen un tamaño aproximado al de la Tierra y 680 son mayores y se denominan "súper Tierras".
Del resto, 1.181 tienen el tamaño de Neptuno, 203 son equivalentes a las dimensiones de Júpiter y 55 son todavía más grandes que este planeta, el mayor de nuestro Sistema Solar.
Lanzada en marzo de 2009, la misión de Kepler es recoger datos y pruebas de planetas que orbitan alrededor de estrellas con condiciones de temperatura medias donde pueda existir agua líquida y, por tanto, vida.
Kepler detecta los planetas y los candidatos a planeta mediante la medición de las caídas en el brillo de más de 150.000 estrellas que observan para analizar si éstos pasan por delante de sus estrellas, un movimiento conocido como tránsito.
No obstante, eso no es suficiente y para verificar la señal de un planeta es necesario que el observatorio capte tres tránsitos para iniciar el proceso que determine si se trata o no de un posible planeta.

"20 minutos" el 5-12-2011

lunes, 28 de noviembre de 2011

FORMACIÓN DE NUESTRO SISTEMA SOLAR por Marta López





La teoría nebular sostiene que hace 4,6 mil millones de años el sistema solar se formó por un colapso gravitacional de una nebulosa gigante. 
Antiguos meteoritos revelan restos de elementos solamente formados en los núcleos de estrellas muy grandes que explotan, indicando que el ambiente en el que el Sol se formó estaba dentro del alcance de algunas supernovas cercanas. La onda de choque de estas supernovas pudo haber desencadenado la formación del Sol a través de la creación de regiones de sobredensidad en la nebulosa circundante, causando el colapso de ellas.

 A medida que la nube empieza a contraerse, cualquier movimiento de rotación que posea la hace girar más y más deprisa. Tan pronto como el material dentro de la nebulosa se condensó, los átomos en su interior comenzaron a colisionar con frecuencia creciente, causando que liberaran energía en forma de calor. El centro, donde la mayor parte de la masa se acumuló, se volvió cada vez más caliente.  Cuando las fuerzas en competencia asociadas con la gravedad, presión del gas, campos magnéticos y la rotación actuaron en ella, la nebulosa en contracción empezó a aplanarse, tomando la forma de un disco protoplanetario.
La temperatura y la presión en el núcleo del Sol se hizo tan grande que su hidrógeno comenzó a fundirse, creando una fuente interna de energía. En este punto el Sol empieza a brillar convirtiendo hidrógeno en helio por fusión nuclear en su interior. 
De esta nube y su gas y polvo (la "nebulosa solar") se piensa que se formaron varios planetas. El proceso de acreción —la acumulación de partículas que se van quedando ‘pegadas’— avanza hasta que los granos de polvo originales se han convertido en pedazos de roca entre uno y diez kilómetros de diámetro, que a su vez colisionaron para formar cuerpos más grandes. Cuando los pedazos de roca alcanzan mayor tamaño, empiezan a atraerse entre sí por gravedad de forma significativa, lo que los reúne en grupos que orbitan juntos alrededor de la estrella, chocando ocasionalmente entre sí. 
La gravedad agrupa más y más los pedazos, y los trozos más grandes (los que ejercen una mayor atracción gravitatoria) atraen cada vez más material, y crecen convirtiéndose en planetas y lunas. El viento solar del joven Sol esparció el gas y el polvo en el disco protoplanetario, diseminándolo en el espacio interestelar, poniendo fin así al crecimiento de los planetas.