Científicos estadounidenses financiados por el Ejército estadounidense han publicado los resultados de un estudio que investiga un sistema por el que la luz visible es desviada y provoca un efecto óptico de invisibilidad. Los investigadores cada vez se acercan más a alcanzar este "súper poder". De conseguirlo, su aplicación sería obviamente militar.
El material, no se obtiene de forma natural sino que se ha creado gracias a la nanoingeniería, que trabaja a una escala medida en milmillonésimas de metro.
Los científicos han creado una estructura de múltiples capas en forma de red que no absorbe ni refleja la luz y por tanto éste se vuelve invisible.
Este estudio es la continuación de un trabajo previo realizado en el Imperial College de Londres, donde los científicos británicos usaron microondas, ya que, como la luz, desprende radiación electromagnética, pero la diferencia con el experimento americano se encuentra en que posee una longitud de radiación más grande, lo que le hace más fácil que pueda ser manipulada.
Este descubrimiento ayudará a la formación de las bases para una mayor resolución en la toma de imágenes, para nanocircuitos que potenciarán los ordenadores y para el disfrute de los cinéfilos de la ciencia ficción.
Este blog está pensado para el intercambio de opiniones con el alumnado de Ciencias para el Mundo Contemporáneo y para colocar información útil para el desarrollo de la asignatura
Monte Beriáin
Monte Beriáin (San Donato). Foto cedida por Víctor Abendaño
lunes, 31 de mayo de 2010
NUEVOS MATERIALES PARA CURAR LAS HERIDAS DE GUERRA por Cristina Sanz
Puesto que la mayoría de las muertes en el campo de batalla se producen debido a la pérdida de sangre antes de que los soldados puedan ser atendidos por los servicios sanitarios, los trabajos de investigación se centran fundamentalmente sobre los procesos de coagulación.
Uno de los nuevos productos ha sido desarrollado por la Cruz Roja y se trata de un tejido que es capaz de tomar proteínas de la sangre encargadas de la coagulación. Éstas junto con una sustancia del propio material aceleran el proceso para detener el sangrado.
Otro de los productos es el vendaje de chitosan que procede de un hidrato de carbono biodegradable, la chitin, que se encuentra en la concha de los crustáceos. La molécula de chitosan tiene carga positiva, mientras que los glóbulos rojos están cargados negativamente. Los contrarios se atraen, de modo que el material tiene la capacidad de crear su propio coágulo independientemente de las condiciones del individuo. Sus inventores aseguran que es capaz de actuar incluso en personas con hemofilia, un patología en la que la sangre no se coagula. Aunque el chitosan ha sido concebido para uso externo, los ensayos con animales han demostrado que puede incluso detener durante al menos una hora hemorragias internas. Otra de las ventajas de este producto es que funciona tanto a 50 grados bajo cero como a 140 sobre cero.
Uno de los nuevos productos ha sido desarrollado por la Cruz Roja y se trata de un tejido que es capaz de tomar proteínas de la sangre encargadas de la coagulación. Éstas junto con una sustancia del propio material aceleran el proceso para detener el sangrado.
Otro de los productos es el vendaje de chitosan que procede de un hidrato de carbono biodegradable, la chitin, que se encuentra en la concha de los crustáceos. La molécula de chitosan tiene carga positiva, mientras que los glóbulos rojos están cargados negativamente. Los contrarios se atraen, de modo que el material tiene la capacidad de crear su propio coágulo independientemente de las condiciones del individuo. Sus inventores aseguran que es capaz de actuar incluso en personas con hemofilia, un patología en la que la sangre no se coagula. Aunque el chitosan ha sido concebido para uso externo, los ensayos con animales han demostrado que puede incluso detener durante al menos una hora hemorragias internas. Otra de las ventajas de este producto es que funciona tanto a 50 grados bajo cero como a 140 sobre cero.
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T.7: Nuevas tecnologías
sábado, 22 de mayo de 2010
LA PRIMERIA BACTERIA FABRICADA EN LABORATORIO
Una ley inviolable de la biología -toda célula proviene de la división de otra célula- ha regido la existencia y la evolución de todos los organismos de la Tierra desde hace 3.500 millones de años. Hasta ayer. La bacteria que acaba de salir de los laboratorios de Craig Venter es una célula, pero no proviene de otra, porque su genoma es pura química: ha sido sintetizado en el tubo de ensayo de la primera a la última letra.
La primera "célula sintética" se llama Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0, para distinguirla del Mycoplasma mycoides, que es la bacteria natural en quien se inspira: la que le ha aportado la información para fabricarlo. Aunque la célula sintética no tenga una madre biológica, sí que tiene una madre informática. JCV es por John Craig Venter, y el 1.0 lleva su sello: denota que la célula es sólo una primera versión.
La reconstrucción de formas biológicas a partir de su mera información genética ya se había experimentado con virus, entre ellos el de la polio y el de la gripe española de 1918. Pero los virus no son entidades biológicas autónomas. Para reproducirse usan la maquinaria de la célula a la que infectan. Aunque un virus puede tener solo tres genes, esa maquinaria celular requiere cientos de ellos.
Es difícil predecir el alcance de esta tecnología. Entre los proyectos de Venter está diseñar un alga que fije el CO2 atmosférico y lo convierta en hidrocarburos, utilizando la energía de la luz solar. Otros proyectos buscan acelerar la producción de vacunas y mejorar la producción de ciertos ingredientes alimentarios o diseñar microorganismos que limpien aguas contaminadas.
Entre los ángulos polémicos del nuevo mycoplasma está su denominación. Los autores lo llaman célula sintética, cuando solo su genoma lo es. Una vez sintetizado el genoma, los científicos lo introdujeron en una célula (de otra especie de Mycoplasma) a la que antes habían quitado su propio genoma.
Este un proyecto empezó hace 15 años, cuando Venter y su equipo hallaron un modo de estimar el genoma mínimo para sostener la vida autónoma. Tomaron uno de los organismos con el genoma más pequeño conocido, Mycoplasma genitalium, y le estropearon los genes uno a uno para quedarse solo con los indispensables, 350 genes.
El genoma de un retrovirus, como el VIH, tiene unas 10.000 bases. El de Mycoplasma mycoides mide algo más de un millón de bases, una megabase. El genoma humano mide 3.000 megabases.
El País 25 de Mayo de 2010
La primera "célula sintética" se llama Mycoplasma mycoides JCVI-syn1.0, para distinguirla del Mycoplasma mycoides, que es la bacteria natural en quien se inspira: la que le ha aportado la información para fabricarlo. Aunque la célula sintética no tenga una madre biológica, sí que tiene una madre informática. JCV es por John Craig Venter, y el 1.0 lleva su sello: denota que la célula es sólo una primera versión.
La reconstrucción de formas biológicas a partir de su mera información genética ya se había experimentado con virus, entre ellos el de la polio y el de la gripe española de 1918. Pero los virus no son entidades biológicas autónomas. Para reproducirse usan la maquinaria de la célula a la que infectan. Aunque un virus puede tener solo tres genes, esa maquinaria celular requiere cientos de ellos.
Es difícil predecir el alcance de esta tecnología. Entre los proyectos de Venter está diseñar un alga que fije el CO2 atmosférico y lo convierta en hidrocarburos, utilizando la energía de la luz solar. Otros proyectos buscan acelerar la producción de vacunas y mejorar la producción de ciertos ingredientes alimentarios o diseñar microorganismos que limpien aguas contaminadas.
Entre los ángulos polémicos del nuevo mycoplasma está su denominación. Los autores lo llaman célula sintética, cuando solo su genoma lo es. Una vez sintetizado el genoma, los científicos lo introdujeron en una célula (de otra especie de Mycoplasma) a la que antes habían quitado su propio genoma.
Este un proyecto empezó hace 15 años, cuando Venter y su equipo hallaron un modo de estimar el genoma mínimo para sostener la vida autónoma. Tomaron uno de los organismos con el genoma más pequeño conocido, Mycoplasma genitalium, y le estropearon los genes uno a uno para quedarse solo con los indispensables, 350 genes.
El genoma de un retrovirus, como el VIH, tiene unas 10.000 bases. El de Mycoplasma mycoides mide algo más de un millón de bases, una megabase. El genoma humano mide 3.000 megabases.
El País 25 de Mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
PROBLEMAS AL ASCENSOR ESPACIAL por Andrea Fernández y Cristina Gacho
Los viajes en ascensor espacial podrían ser espantosamente lentos
Los ascensores espaciales han sido propuestos como una alternativa barata a los costosos lanzamientos con cohetes para enviar carga, y quizás incluso a seres humanos, al espacio.
Los ascensores estarían hechos de un cable que estaría fijo a la superficie terrestre y equilibrado por medio de un contrapeso en el espacio. Unos láseres sobre la Tierra enviarían energía a los "escaladores" que se arrastrarían hacia arriba de la cuerda con su carga.
Pero el concepto se ha atascado sobre el suelo durante décadas, al menos no porque los materiales actuales no sean lo bastante fuertes para manejar la tensión sobre la cuerda. Los nanotubos de carbono podrían funcionar, pero tienen que ser más largos y más puros que los que se fabrican hoy.
Incluso con los materiales adecuados, los ascensores espaciales podrían ser muy inestables. La atracción gravitatoria de la Luna o el Sol, así como la presión de las ráfagas de viento solar, podían sacudir la cuerda y causar potencialmente que el ascensor se estrelle contra satélites cercanos o basura espacial. Se necesitarían series de tirones para mantener la cuerda en línea.
Ahora parece que el acto de trepar también podía provocar el tambaleo de la cuerda.
El giro de la Tierra
El culpable es la fuerza de Coriolis, que desvía los objetos que se mueven en un sistema giratorio. Sobre la Tierra, la rotación del planeta genera una fuerza de Coriolis que desvía las corrientes de aire y agua.
En este estudio, el ascensor espacial estaría vertical en un punto sobre el ecuador. A medida que el escalador asciende, su movimiento causaría que la fuerza de Coriolis empuje al escalador, y por lo tanto al cable, en dirección contraria a la rotación de la Tierra.
Esta fuerza empujaría al ascensor de su posición de reposo vertical, y lo haría oscilar de un lado a otro como un péndulo, dicen los ingenieros mecánicos Arun Misra, de la Universidad de McGill en Montreal, Canadá, y Stephen Cohen, ahora en MDA Space.
Órbitas equivocadas
El movimiento de la carga hacia arriba del ascensor sólo podría hacer que el cable se tambalee de un lado a otro en una fracción de grado, dice Misra.
Pero la oscilación de la cuerda podía aumentar o reducir la velocidad de cualquier nave espacial que salga del ascensor. Eso podría enviarlas a órbitas que están a decenas de kilómetros, demasiado altas o demasiado bajas, dice Misra y añade que se podrían necesitar cantidades importantes de combustible para corregir el problema.
"Porque es una estructura enorme, esta pequeña desviación puede cometer grandes errores en la órbita que será alcanzada por la carga", dijo Misra a New Scientist.
Los tambaleos producidos por el ascenso de la carga podrían también ayudar a poner el ascensor en peligro.
Arrastrarse lentamente
Cuanto más rápido suba un escalador, más grande será el efecto, dijo Misra a New Scientist, de modo que la manera más simple de minimizar el efecto de un escalador sobre el cable es disminuir la velocidad del ascenso.
El disminuir la velocidad del ascenso permitiría que el ascensor espacial sea movido a su punto estable, perfectamente vertical sobre el ecuador de la Tierra. Pero esto también podría hacer que los viajes en órbita sean tremendamente lentos, añadiendo nueve días o más a un ascenso que -a varios cientos de kilómetros por hora- ya podría necesitar unos 15 días.
Por otra parte, la velocidad de la escalada podría ser ajustada a medida que el viaje avanza, dice Misra. Unos escaladores múltiples también podían ser enviados hacia arriba de la cuerda al mismo tiempo, en un ballet cuidadosamente orquestado.
"Creo que estamos descubriendo que construir un ascensor espacial es mucho más complicado que simplemente tender una cinta y correr de arriba para abajo por ella, dice Anders Jorgensen del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo Mexico en Socorro, EE.UU., que ha estudiado la estabilidad de ascensor espacial.
Límite de velocidad
"La necesidad de imponer un programa y velocidad a un escalador en particular puede tener implicancias para la viabilidad económica de un ascensor espacial, de modo que es una pregunta muy importante que responder", dice Jorgensen.
"Probablemente, el ajuste de tráfico tendrá un papel", dice David Lang, un consultor con base en Seattle, Washington, que también ha estudiado los efectos de los escaladores.
Pero otros métodos, que involucran ascensores espaciales acoplados en un tráfico de un solo sentido que ocasionalmente invierte la dirección, también podrían ayudar. "Diría que es demasiado temprano para establecer la mejor manera de hacerlo", dijo Lang a New Scientist.
Los ascensores espaciales han sido propuestos como una alternativa barata a los costosos lanzamientos con cohetes para enviar carga, y quizás incluso a seres humanos, al espacio.
Los ascensores estarían hechos de un cable que estaría fijo a la superficie terrestre y equilibrado por medio de un contrapeso en el espacio. Unos láseres sobre la Tierra enviarían energía a los "escaladores" que se arrastrarían hacia arriba de la cuerda con su carga.
Pero el concepto se ha atascado sobre el suelo durante décadas, al menos no porque los materiales actuales no sean lo bastante fuertes para manejar la tensión sobre la cuerda. Los nanotubos de carbono podrían funcionar, pero tienen que ser más largos y más puros que los que se fabrican hoy.
Incluso con los materiales adecuados, los ascensores espaciales podrían ser muy inestables. La atracción gravitatoria de la Luna o el Sol, así como la presión de las ráfagas de viento solar, podían sacudir la cuerda y causar potencialmente que el ascensor se estrelle contra satélites cercanos o basura espacial. Se necesitarían series de tirones para mantener la cuerda en línea.
Ahora parece que el acto de trepar también podía provocar el tambaleo de la cuerda.
El giro de la Tierra
El culpable es la fuerza de Coriolis, que desvía los objetos que se mueven en un sistema giratorio. Sobre la Tierra, la rotación del planeta genera una fuerza de Coriolis que desvía las corrientes de aire y agua.
En este estudio, el ascensor espacial estaría vertical en un punto sobre el ecuador. A medida que el escalador asciende, su movimiento causaría que la fuerza de Coriolis empuje al escalador, y por lo tanto al cable, en dirección contraria a la rotación de la Tierra.
Esta fuerza empujaría al ascensor de su posición de reposo vertical, y lo haría oscilar de un lado a otro como un péndulo, dicen los ingenieros mecánicos Arun Misra, de la Universidad de McGill en Montreal, Canadá, y Stephen Cohen, ahora en MDA Space.
Órbitas equivocadas
El movimiento de la carga hacia arriba del ascensor sólo podría hacer que el cable se tambalee de un lado a otro en una fracción de grado, dice Misra.
Pero la oscilación de la cuerda podía aumentar o reducir la velocidad de cualquier nave espacial que salga del ascensor. Eso podría enviarlas a órbitas que están a decenas de kilómetros, demasiado altas o demasiado bajas, dice Misra y añade que se podrían necesitar cantidades importantes de combustible para corregir el problema.
"Porque es una estructura enorme, esta pequeña desviación puede cometer grandes errores en la órbita que será alcanzada por la carga", dijo Misra a New Scientist.
Los tambaleos producidos por el ascenso de la carga podrían también ayudar a poner el ascensor en peligro.
Arrastrarse lentamente
Cuanto más rápido suba un escalador, más grande será el efecto, dijo Misra a New Scientist, de modo que la manera más simple de minimizar el efecto de un escalador sobre el cable es disminuir la velocidad del ascenso.
El disminuir la velocidad del ascenso permitiría que el ascensor espacial sea movido a su punto estable, perfectamente vertical sobre el ecuador de la Tierra. Pero esto también podría hacer que los viajes en órbita sean tremendamente lentos, añadiendo nueve días o más a un ascenso que -a varios cientos de kilómetros por hora- ya podría necesitar unos 15 días.
Por otra parte, la velocidad de la escalada podría ser ajustada a medida que el viaje avanza, dice Misra. Unos escaladores múltiples también podían ser enviados hacia arriba de la cuerda al mismo tiempo, en un ballet cuidadosamente orquestado.
"Creo que estamos descubriendo que construir un ascensor espacial es mucho más complicado que simplemente tender una cinta y correr de arriba para abajo por ella, dice Anders Jorgensen del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo Mexico en Socorro, EE.UU., que ha estudiado la estabilidad de ascensor espacial.
Límite de velocidad
"La necesidad de imponer un programa y velocidad a un escalador en particular puede tener implicancias para la viabilidad económica de un ascensor espacial, de modo que es una pregunta muy importante que responder", dice Jorgensen.
"Probablemente, el ajuste de tráfico tendrá un papel", dice David Lang, un consultor con base en Seattle, Washington, que también ha estudiado los efectos de los escaladores.
Pero otros métodos, que involucran ascensores espaciales acoplados en un tráfico de un solo sentido que ocasionalmente invierte la dirección, también podrían ayudar. "Diría que es demasiado temprano para establecer la mejor manera de hacerlo", dijo Lang a New Scientist.
domingo, 16 de mayo de 2010
FOTOGRAFÍAS PARA NEGAR EL NEGACIONISMO de "Público" del 15 de Mayo de 2010
James Balog, reportero de 'National Geographic', ha documentado el deshielo de 17 glaciares desde 2006 para demostrar los efectos del cambio climático
James Balog, en el glaciar Columbia, en Alaska. EIS
James Balog estaba horrorizado. El encargo de National Geographic y The New Yorker de viajar el Ártico para documentar el deshielo de los glaciares le impactó mucho más de lo que había esperado. "No se trataba de un cambio a escala geológica que ocurre en un pasado que no conocemos ni en un futuro lejano" "Estaba ocurriendo allí y ahora, en nuestra época. Y esa observación sobre el terreno fue el catalizador de Extreme Ice Survey (EIS)".
Este proyecto, que podría traducirse como "medición extrema del hielo", es obra del empeño personal de Balog, pero ha crecido también gracias al trabajo de decenas de científicos, ingenieros, fotógrafos y camarógrafos, y al apoyo de organismos como la NASA y de personalidades como Al Gore. La idea del proyecto es, primero, documentar los efectos del cambio climático de los que Balog ha sido testigo directo y, después, informar de esos efectos a los políticos y la opinión pública.
Balog, que también es licenciado en Geomorfología una rama de la Geología que estudia los cambios en el relieve de la Tierra pensó que la mejor manera de ahuyentar los argumentos escépticos y negacionistas era documentar el deshielo de los glaciares día a día, e incluso hora a hora. Y, además, debía hacerlo a escala planetaria. La razón es simple: "Los glaciares son el canario en la mina, la manifestación más visible del cambio climático", dice.
Según el Sistema Mundial de Control de Glaciares de la Universidad de Zurich (WGMS, en sus siglas en inglés), que estudia 100.000 de ellos en todo el planeta, la pérdida media anual en su masa fue de medio metro en la década 1995-2006, el doble que la década anterior (1986-95), y cuatro veces más que entre 1976 y 1985. El WGMS alertaba en 2008 de que si los países contaminantes no cerraban un acuerdo de reducción de emisiones en la cumbre de Copenhague, de diciembre de 2009, "es posible que muchos glaciares desaparezcan a finales del siglo XXI". Y en Copenhague no se cerró ningún acuerdo.
Balog y su equipo sabían que ningún dato impacta tanto a la opinión pública como una buena imagen y, por ello, en 2006 se lanzaron a diseñar e instalar más de 30 cámaras en 17 glaciares de todo el mundo, principalmente en Groenlandia, Islandia, Alaska y las Montañas Rocosas. Las cámaras disparan una fotografía cada hora durante el día, lo que supone unas 4.500 imágenes por dispositivo y año.
El trabajo de estas cámaras es la razón por la que el EIS utiliza el adjetivo "extremo" en su nombre. Según explica el equipo, las cámaras están diseñadas para aguantar lluvia, nieve, desprendimientos de roca, temperaturas de hasta -40ºC y vientos de más de 250 kilómetros por hora.
Algunos lugares son tan remotos, y las condiciones para acercarse a ellos tan complicadas, que los miembros del EIS deben viajar a caballo o con esquís para colocar las cámaras.
Los expertos eligen las mejores fotografías y las distribuyen a agencias de prensa, medios de comunicación, museos, blogs y agentes sociales, como partidos políticos y ONG.
Balog ha participado en una audiencia en el Congreso de EEUU sobre el deshielo de Groenladia, en una reunión de ministros de la UE y en presentaciones del premio Nobel Al Gore.
Su proyecto está financiado y promovido por entidades científicas como la NASA y la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, además de diversas entidades privadas. Pero, ¿qué puede hacer un fotógrafo para frenar el cambio climático que no hayan hecho ya los políticos? "No es el momento de captar hermosos y románticos paisajes. Como fotógrafos, podemos ser parte de la solución", asegura.
Este proyecto, que podría traducirse como "medición extrema del hielo", es obra del empeño personal de Balog, pero ha crecido también gracias al trabajo de decenas de científicos, ingenieros, fotógrafos y camarógrafos, y al apoyo de organismos como la NASA y de personalidades como Al Gore. La idea del proyecto es, primero, documentar los efectos del cambio climático de los que Balog ha sido testigo directo y, después, informar de esos efectos a los políticos y la opinión pública.
Balog, que también es licenciado en Geomorfología una rama de la Geología que estudia los cambios en el relieve de la Tierra pensó que la mejor manera de ahuyentar los argumentos escépticos y negacionistas era documentar el deshielo de los glaciares día a día, e incluso hora a hora. Y, además, debía hacerlo a escala planetaria. La razón es simple: "Los glaciares son el canario en la mina, la manifestación más visible del cambio climático", dice.
Según el Sistema Mundial de Control de Glaciares de la Universidad de Zurich (WGMS, en sus siglas en inglés), que estudia 100.000 de ellos en todo el planeta, la pérdida media anual en su masa fue de medio metro en la década 1995-2006, el doble que la década anterior (1986-95), y cuatro veces más que entre 1976 y 1985. El WGMS alertaba en 2008 de que si los países contaminantes no cerraban un acuerdo de reducción de emisiones en la cumbre de Copenhague, de diciembre de 2009, "es posible que muchos glaciares desaparezcan a finales del siglo XXI". Y en Copenhague no se cerró ningún acuerdo.
Balog y su equipo sabían que ningún dato impacta tanto a la opinión pública como una buena imagen y, por ello, en 2006 se lanzaron a diseñar e instalar más de 30 cámaras en 17 glaciares de todo el mundo, principalmente en Groenlandia, Islandia, Alaska y las Montañas Rocosas. Las cámaras disparan una fotografía cada hora durante el día, lo que supone unas 4.500 imágenes por dispositivo y año.
El trabajo de estas cámaras es la razón por la que el EIS utiliza el adjetivo "extremo" en su nombre. Según explica el equipo, las cámaras están diseñadas para aguantar lluvia, nieve, desprendimientos de roca, temperaturas de hasta -40ºC y vientos de más de 250 kilómetros por hora.
Algunos lugares son tan remotos, y las condiciones para acercarse a ellos tan complicadas, que los miembros del EIS deben viajar a caballo o con esquís para colocar las cámaras.
Los expertos eligen las mejores fotografías y las distribuyen a agencias de prensa, medios de comunicación, museos, blogs y agentes sociales, como partidos políticos y ONG.
Balog ha participado en una audiencia en el Congreso de EEUU sobre el deshielo de Groenladia, en una reunión de ministros de la UE y en presentaciones del premio Nobel Al Gore.
Su proyecto está financiado y promovido por entidades científicas como la NASA y la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, además de diversas entidades privadas. Pero, ¿qué puede hacer un fotógrafo para frenar el cambio climático que no hayan hecho ya los políticos? "No es el momento de captar hermosos y románticos paisajes. Como fotógrafos, podemos ser parte de la solución", asegura.
El ADN acorrala al crimen de "Público" del 2 de Mayo de 2010
En 2009, la policía detuvo a 2.017 delincuentes gracias a pruebas biológicas. En 2005, fueron sólo 360. El perfil genético permitió el año pasado aclarar 140 homicidios y 194 agresiones sexuales
Un agente de Policía Científica recoge muestras en el interior de un vehículo con ayuda de la llamada luz forense. - DGP
Era una pequeña mancha en la alfombrilla del maletero del coche que había utilizado el principal sospechoso. La inspección ocular apuntaba a que se trataba de sangre, pero ¿de quién? Si correspondía a la víctima, una joven desaparecida en Valladolid poco antes, la policía tendría la pista clave para detener al hombre. Pero tenían que saberlo rápidamente, porque el sospechoso estaba a punto de viajar a Suramérica. Por ello, los investigadores mandaron la muestra urgentemente a sus laboratorios de Madrid.
Allí, los expertos consiguieron extraer el ADN de la mancha y contrastarlo con el que habían obtenido de un cepillo de dientes de la víctima que la familia de ésta les había entregado para que pudieran obtener el perfil genético de la muchacha. Los resultados de ambos coincidieron. Poco después, el sospechoso era detenido y confesaba el lugar donde había ocultado el cadáver.
Actualmente, los laboratorios biológicos de la Comisaría General de Policía Científica recibe una media de 2.300 asuntos al mes, algunos de ellos con varias muestras biológicas para ser analizadas. Un enorme volumen de trabajo que, además, no es ni rápido ni barato. Tres días de análisis, en el mejor de los casos, y cerca de 45 euros de media para cada análisis se invierten para obtener un perfil genético. Sin embargo, su eficacia no deja dudas de su rentabilidad.
"No es una excepción. Cada mes aclaramos dos o tres antiguas agresiones sexuales que estaban sin resolver". Quien habla así es la inspectora jefe Carmen Solís, jefa del Servicio de Coordinación Analítica de Policía Científica. Por sus manos han pasado, por ejemplo, las muestras que permitieron condenar a 243 años de cárcel en octubre de 2009 a Isaac Plaza, un violador en serie conocido como El Búho que durante siete años atemorizó a las mujeres de Madrid.
Esta inspectora jefe lleva más de 15 años dedicados a cazar delincuentes en un laboratorio, desde poco después de que, a comienzos de los 90, se empezaran a realizar estos análisis. "Al principio nos teníamos que limitar a saber cuál era el grupo sanguíneo de las muestras de sangre que nos encontrábamos. Ahora podemos obtener el código de barras de los autores gracias a un pelo, un trozo de uña, la saliva que queda en una colilla o células epiteliales que deja el delincuente cuando toca un objeto", asegura con orgullo.
El segundo gran paso se dio cuando se comenzaron a compartir las bases de datos de perfiles genéticos de los diferentes cuerpos policiales. El caso que demostró su necesidad fue el asesinato de Rocío Wanninkhof. Durante años, el asesino de esta joven malagueña, Tony King, estuvo en libertad porque las policías de su país y la española no compartieron su bases. "Hoy eso sería impensable", apunta Carmen Solís.
Allí, los expertos consiguieron extraer el ADN de la mancha y contrastarlo con el que habían obtenido de un cepillo de dientes de la víctima que la familia de ésta les había entregado para que pudieran obtener el perfil genético de la muchacha. Los resultados de ambos coincidieron. Poco después, el sospechoso era detenido y confesaba el lugar donde había ocultado el cadáver.
Este crimen es uno de los 140 homicidios que la policía pudo resolver en 2009 gracias a las pruebas de ADN. A ellos hay que sumar 194 agresiones sexuales, 13 delitos de terrorismo y un largo etcétera de otros delitos menores hasta sumar un total de 2.450 hechos delictivos resueltos. Como resultado de todo ello, 2.017 delincuentes fueron detenidos. Todo un éxito si se tiene en cuenta que en 2005 los arrestados gracias a estos análisis biológicos fueron sólo 360.
Actualmente, los laboratorios biológicos de la Comisaría General de Policía Científica recibe una media de 2.300 asuntos al mes, algunos de ellos con varias muestras biológicas para ser analizadas. Un enorme volumen de trabajo que, además, no es ni rápido ni barato. Tres días de análisis, en el mejor de los casos, y cerca de 45 euros de media para cada análisis se invierten para obtener un perfil genético. Sin embargo, su eficacia no deja dudas de su rentabilidad.
Las bases de datos atesoran 125.000 perfiles genéticos de interés criminal.
Un ejemplo: a comienzos de 2009, un juzgado de Santander envió a los laboratorios centrales de la policía las muestras de dos atracadores para saber si estaban implicados en otros delitos. Los expertos rebuscaron en sus bases de datos y descubrieron que uno de ellos había participado en otro asalto y el segundo, en cinco más. Siete casos resueltos de una tacada."No es una excepción. Cada mes aclaramos dos o tres antiguas agresiones sexuales que estaban sin resolver". Quien habla así es la inspectora jefe Carmen Solís, jefa del Servicio de Coordinación Analítica de Policía Científica. Por sus manos han pasado, por ejemplo, las muestras que permitieron condenar a 243 años de cárcel en octubre de 2009 a Isaac Plaza, un violador en serie conocido como El Búho que durante siete años atemorizó a las mujeres de Madrid.
Esta inspectora jefe lleva más de 15 años dedicados a cazar delincuentes en un laboratorio, desde poco después de que, a comienzos de los 90, se empezaran a realizar estos análisis. "Al principio nos teníamos que limitar a saber cuál era el grupo sanguíneo de las muestras de sangre que nos encontrábamos. Ahora podemos obtener el código de barras de los autores gracias a un pelo, un trozo de uña, la saliva que queda en una colilla o células epiteliales que deja el delincuente cuando toca un objeto", asegura con orgullo.
Los avances permiten aclarar delitos de hace más de 10 años
A pesar de que los avances tecnológicos han hecho más eficaz su trabajo, la inspectora jefe reconoce que también se han dado pasos fundamentales lejos de los laboratorios. En 2007, el Gobierno aprobó la Ley Orgánica que permite obtener muestras de ADN de sospechosos, detenidos e imputados en delitos graves. Gracias a ello, las bases de datos policiales cuentan ya con más de 125.000 perfiles genéticos de interés criminal. Y cada mes se suman otras 3.000 reseñas biológicas nuevas.El segundo gran paso se dio cuando se comenzaron a compartir las bases de datos de perfiles genéticos de los diferentes cuerpos policiales. El caso que demostró su necesidad fue el asesinato de Rocío Wanninkhof. Durante años, el asesino de esta joven malagueña, Tony King, estuvo en libertad porque las policías de su país y la española no compartieron su bases. "Hoy eso sería impensable", apunta Carmen Solís.
DEFECTOS DE FÁBRICA por Miguel Delibes de Castro
VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
*Profesor de Investigación del CSIC
Sugería hace poco que cabe defender que nuestros ojos han evolucionado para captar la luz y transmitirla al cerebro. Pero eso no quiere decir que sean perfectos. De hecho, es famosa la aseveración del físico decimonónico Hermann von Helmholtz de que, si le vendieran un aparato como el ojo, no sólo se sentiría con todo el derecho a devolverlo, sino que incluso denunciaría al vendedor. El ojo, digámoslo simplemente, está mal construido y ve mal. Tiene, en palabras del propio Helmholtz, “todos los posibles defectos de cualquier instrumento óptico más algunos propios”, y menciona la aberración cromática, los puntos ciegos, la turbidez, la sombra de los vasos sanguíneos, etc. ¡Hasta la retina está vuelta del revés, con las células sensibles a la luz en la parte de atrás! El ojo ve mal, pero el cerebro lo compensa con un complicado trabajo de depuración y acabado. No vemos lo que el ojo ve, sino las imágenes retocadas que el cerebro fabrica.
Lo dicho no es sólo un poderoso argumento contra la teoría del diseño inteligente, sino también una buena prueba del hecho de la evolución. Somos hijos de la historia y nuestro cuerpo lleva escrito, más o menos encriptado, aquello que fuimos. Un ojo mal diseñado puede acabar, gracias a los ajustes de la selección natural, funcionando correctamente (“bajo las condiciones ordinarias”, matiza Helmholtz), pero difícilmente se rediseñará de otra manera, pues sería muy costoso volver a empezar.
Defectos de diseño achacables al pasado son fáciles de encontrar. Contra lo que pudiera creerse, por ejemplo, los conductos deferentes por los que circulan los espermatozoides no hacen el corto trayecto directo entre los testículos y el pene, sino que pasan por encima de los uréteres y la vejiga de la orina. ¿A qué achacar ese rodeo?
En los antepasados de los mamíferos los testículos estaban mucho más arriba, cerca de los riñones, y cuando han descendido al escroto no se ha fabricado un conducto nuevo, sino que se ha doblado el preexistente.
Uno de nuestros defectos de fábrica más evidentes reside en la espalda, de la que, quien más quién menos, todos nos quejamos alguna vez. Durante casi toda nuestra historia evolutiva hemos andado a cuatro patas, con la columna vertebral horizontal, de manera que la posición vertical actual sólo funciona satisfactoriamente “en las condiciones ordinarias”. El australiano Robyn Williams, autor de un libro sobre el “diseño no-inteligente” y frecuente víctima de lumbago, ironiza: “Si Dios fuera responsable del diseño de la espalda, deberíamos aceptar que no tuvo uno de sus mejores momentos”.
*Profesor de Investigación del CSIC
Sugería hace poco que cabe defender que nuestros ojos han evolucionado para captar la luz y transmitirla al cerebro. Pero eso no quiere decir que sean perfectos. De hecho, es famosa la aseveración del físico decimonónico Hermann von Helmholtz de que, si le vendieran un aparato como el ojo, no sólo se sentiría con todo el derecho a devolverlo, sino que incluso denunciaría al vendedor. El ojo, digámoslo simplemente, está mal construido y ve mal. Tiene, en palabras del propio Helmholtz, “todos los posibles defectos de cualquier instrumento óptico más algunos propios”, y menciona la aberración cromática, los puntos ciegos, la turbidez, la sombra de los vasos sanguíneos, etc. ¡Hasta la retina está vuelta del revés, con las células sensibles a la luz en la parte de atrás! El ojo ve mal, pero el cerebro lo compensa con un complicado trabajo de depuración y acabado. No vemos lo que el ojo ve, sino las imágenes retocadas que el cerebro fabrica.
Lo dicho no es sólo un poderoso argumento contra la teoría del diseño inteligente, sino también una buena prueba del hecho de la evolución. Somos hijos de la historia y nuestro cuerpo lleva escrito, más o menos encriptado, aquello que fuimos. Un ojo mal diseñado puede acabar, gracias a los ajustes de la selección natural, funcionando correctamente (“bajo las condiciones ordinarias”, matiza Helmholtz), pero difícilmente se rediseñará de otra manera, pues sería muy costoso volver a empezar.
Defectos de diseño achacables al pasado son fáciles de encontrar. Contra lo que pudiera creerse, por ejemplo, los conductos deferentes por los que circulan los espermatozoides no hacen el corto trayecto directo entre los testículos y el pene, sino que pasan por encima de los uréteres y la vejiga de la orina. ¿A qué achacar ese rodeo?
En los antepasados de los mamíferos los testículos estaban mucho más arriba, cerca de los riñones, y cuando han descendido al escroto no se ha fabricado un conducto nuevo, sino que se ha doblado el preexistente.
Uno de nuestros defectos de fábrica más evidentes reside en la espalda, de la que, quien más quién menos, todos nos quejamos alguna vez. Durante casi toda nuestra historia evolutiva hemos andado a cuatro patas, con la columna vertebral horizontal, de manera que la posición vertical actual sólo funciona satisfactoriamente “en las condiciones ordinarias”. El australiano Robyn Williams, autor de un libro sobre el “diseño no-inteligente” y frecuente víctima de lumbago, ironiza: “Si Dios fuera responsable del diseño de la espalda, deberíamos aceptar que no tuvo uno de sus mejores momentos”.
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T.3: Origen de la vida
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